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Desde que somos pequeños, nos han dicho que los animales son seres de los que nos podemos aprovechar. Pero, aunque seamos diferentes en muchas cosas, tenemos en común algo que es pasado por alto a menudo: la capacidad de sufrir y disfrutar.
Si bien es cierto que nos escandalizamos con razón cuando un toro sufre en una plaza y cuando un perro es golpeado, ¿por qué no pensamos igual cuando las víctimas están en las granjas y en los mataderos?

En el mundo, hay millones de vegetarianos que han decidido alimentarse y vestirse sin perjudicar a nadie, al no comprar artículos de origen animal. En cualquier tienda o supermercado, la variedad de productos vegetarianos es enorme y, en la actualidad, no supone ningún esfuerzo vivir así. Al hacerlo, dejamos de participar en la explotación animal y empezamos a vivir de una manera más respetuosa.
Desde hace tiempo, se intenta acabar con el racismo y el machismo. Es hora de rechazar también el especismo, es decir, la discriminación de los animales por no ser de la especie humana. El fin de esta injusticia solo podrá llegar cuando cambiemos la manera en que nos relacionamos con los animales.
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